Hay situaciones en la vida que te hacen sentir ridícula, utilizada, manejada. Situaciones absurdas y tontas, meterse en un jardín, que dicen.
Y estas situaciones, en mi caso - la mayoría de las veces - es por mi forma de ser, que según me dicen soy más simple que el mecanismo de un chupete.
Me creo lo que me dicen, me lo creo porque pienso que las personas no tienen necesidad de mentir, pero parece que sí.
No me van los dobles juegos, las medias verdades, sobre todo cuando se conocen a las personas desde hace años y lo que sabes de su vida es porque te lo han contado, no porque hayas preguntado. Creo que llegados a este punto, cuando las personas nos abrimos a otras y la careta del anonimato se cae para dar paso a una persona con nombres y apellidos, con una historia, con una vida, la sinceridad es primordial.
Pues yo en estos días me he sentido ridícula, utilizada y además creo que he hecho el papel de sujeta velas, carabina, o amiga compresiva y buena que está interpretando todo un papelón, sin saberlo, sin quererlo.
Y como soy sencilla y simplona como un chupete, me siento más ridícula, si cabe, al percatarme de la situación.
Esto es solamente un pataleo, pero me he quedado tan a gusto como si hubiera gritado debajo de la lluvia, cuando rompe el trueno y cae el relámpago y tu voz se ahoga con el ruido de la tormenta, pues eso, tan a gusto.
Caminando por lugares y calles del pasado; paseando, sin pensar en nada, simplemente dejándome llevar por la melancolía del día de otoño, sin mirar, sin ver. Lugares y personas casi olvidados, de otro tiempo, de otro barrio, de otro pueblo. Y los recuerdos, esos duendes traviesos me hicieron recordar. Me vi con quince años, llena de ilusiones y sueños, de inconsciencia juvenil, de alegría de vivir.
El primer amor, los bailes, las risas de la pandilla, felicidad de estar juntos, felicidad por estar juntos. Los besos a escondidas de los otros, el roce de manos, las miradas emocionadas, ¡arrebato juvenil!
Y de pronto, en aquel vagabundeo otoñal, en aquel paseo por el túnel del tiempo, a lo lejos, le vi, con su paso rápido, con aquel tic - ¿todavía? - de su hombro al caminar, con su ceño fruncido, concentrado en sus propios pensamientos, como entonces...
Los recuerdos me ahogaban, llegaron como un torrente loco que me cegaron. Allí estaba él, caminando hacia mi, sin reconocerme, ¿sin recordarme?...
Me acobarde, lo confieso, y me escondí en aquel portal. Pasó frente a mí, sin verme, rápido, dejando una ráfaga de viento frío y hojas secas a su paso como entonces.
Melancolía de otoño.
El tiempo saca a luz todo lo que está oculto y encubre y esconde lo que ahora brilla con el más grande esplendor. Quinto Horacio Flaco.
Me hizo reír, me hizo llorar. Fue uno de los grandes actores de este país.
El pisito, Mi querida señorita, Atracó a las tres, La cabina, La escopeta nacional...son algunos de los títulos que me dejaron turulata con sus interpretaciones. Podía saltar del drama a la comedia con esa facilidad que solo los grandes tienen.
La dicha, ¿qué es la dicha? (La palabra no me hace feliz, dicho de paso). Yo diría que es sencillamente ir contigo de la mano, detenerse un momento porque un olor nos llama, una luz nos recorre, algo que nos calienta por dentro, que nos hace pensar que no es la vida, la que nos lleva, sino que nosotros somos la vida, que vivir es eso, sencillamente eso.
Ha muerto el poeta, a punto de cumplir cien años. Nos deja su vida, su poesía.
A lo largo de esta vida, realizamos - las mujeres - una serie de "trabajos" que el hombre, en general, no se atreve, no puede o no quiere hacer (se que generalizar es malo, pero es lo que hay)
He tenido que asistir, recientemente, al velatorio del padre de una amiga y esta reflexión me la hacía al contemplar la sala del tanatorio llena de mujeres. Los hombres, como antiguamente, haciendo corrillos, arropándose unos a otros, fuera, en el exterior.
Y allí, en la sala, escuchando los lamentos de la viuda, de las hijas, viendo el llanto, la confusión ante la pérdida de un ser tan querido, solo estábamos las mujeres.
¿Consolamos mejor? ¿Es un "trabajo" de mujeres? Tal vez es que no tenemos los reparos masculinos a la hora de llorar y reír, a la hora de abrazar para consolar, de abrazar para proteger.
¿Por qué este miedo? ¿Por qué este respeto? ¿Por qué no sabemos demostrar nuestros sentimientos?
Estamos en los momentos cruciales de la vida, en el nacimiento y en la muerte.
¡Qué curiosa es la vida de las mujeres!
Por cierto... ¡qué cosas piensa una en un velatorio!
A mis amigos les adeudo la ternura y las palabras de aliento y el abrazo; el compartir con todos ellos la factura que nos presenta la vida, paso a paso.
A mis amigos les adeudo la paciencia de tolerarme las espinas más agudas; los arrebatos de humor, la negligencia, las vanidades, los temores y las dudas.
Un barco frágil de papel, parece a veces la amistad pero jamás puede con él la más violenta tempestad porque ese barco de papel, tiene aferrado a su timón por capitán y timonel: un corazón.
A mis amigos les adeudo algún enfado que perturbara sin querer nuestra armonía; sabemos todos que no puede ser pecado el discutir, alguna vez, por tonterías.
A mis amigos legaré cuando me muera mi devoción en un acorde de guitarra y entre los versos olvidados de un poema, mi pobre alma incorregible de cigarra.
Un barco frágil de papel, parece a veces la amistad pero jamás puede con él la más violenta tempestad porque ese barco de papel, tiene aferrado a su timón por capitán y timonel: un corazón.
Amigo mío si esta copla como el viento, adonde quieras escucharla te reclama, serás plural, porque lo exige el sentimiento cuando se lleva a los amigos en el alma.
Soy triste y melancólica, aunque la gente piense que soy alegre. He hecho daño, sin pensar, y he pedido perdón, aunque, en ocasiones no haya sido perdonada. Hay heridas que no cierran, son antiguas y familiares pero he aprendido a vivir con ellas. Me gusta ayudar, no soporto ver sufrir, las injusticias, el llanto del inocente me pueden. Durante mi camino he caído y he intentado levantarme. Me confieso enamorada. Soy, un fado, con un estribillo de bolero y un final de tango.
Hermosuras
No es feliz quien no piensa que lo es. Séneca
Si el presente trata de juzgar el pasado, perderá el futuro.
Winston Churchill
Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee. Baltasar Gracián
Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso. Jorge Luis Borges .
Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces. Marcial.