Hay treguas bélicas, políticas, familiares. Se hablan, se pactan, se firman; alguna vez... ¡se cumplen!
Treguas para terminar con los conflictos, para acabar con querellas, para intentar rehacer y reorganizar el campo de batalla.
La mayoría de las veces se solicitan por fuerza mayor, empujados por la necesidad, no hay otra salida, no queda más remedio. Otras para evaluar pérdidas, por agotamiento de los contrincantes.
En ese corto lapso de tiempo la vida intenta retomar el camino dejado. Vuelve el cielo azul, la lluvia limpia, la nieve blanca, los trinos de los pájaros, el verde de los arboles, las risas de los niño. El correr apresuradamente, de nuevo.
Pero, al finalizar el plazo, se continúa con las escaramuzas, con las luchas, con las guerras.
¡Hasta la próxima tregua!
Hay otra clase de treguas - ¿batallas menos cruentas?- las del amor, y en ocasiones… ¡son maravillosas!
Tregua (Del gót. trĭggwa, tratado).
1. f. Cese temporal de hostilidades.
2. f. Interrupción, descanso.
Y luego hay batallas que se pierden, y las treguas no han servido de nada...
Llevo sin escribir demasiado tiempo. Han pasado demasiadas cosas y tengo que volver a reubicarme.
Estamos deshaciendo la casa materna. Nunca pensé que fuera a costarme tanto, que fuera a ser tan duro. Después de llevar fuera de esta casa más de 33 años, me he dado cuenta de que había pocos recuerdos míos, pocos recuerdos de nuestro pasado.
Las fotos son ventanas que nos devuelven imágenes de personas desaparecidas de nuestra vida hace mucho tiempo. Recuerdos de la infancia, sonrisas de niñas chicas. La imagen de mi padre, camuflada entre otras personas, fugaz, como su tiempo con nosotras.
A mi ultimo escrito lo titule ÉPOCA DE CAMBIOS y quien me iba a decir a mi, en esas fechas, que los cambios serían tan radicales en mi vida.
A finales de junio comencé vacaciones, y en plenos preparativos llegó el primer cambio.
Mi amigo Jesús, esposo de Marisa, superó el cáncer pero una parada cardiaca puso fin a su vida y nos ha dejado sumidos en el dolor y la incomprensión por su pérdida.
Y las vacaciones, aunque teníamos a Raúl con sus risas, sus juegos y su alegría no fueron las mismas.
Nada más incorporarnos a la vida cotidiana, mi madre fue operada de urgencias y se encontraron, nos encontramos con lo que nadie deseaba. Tan grave era lo que tenía que falleció el 2 de septiembre. Se que no ha sufrido, que se ha ido en paz y tranquila y que a nosotras – a mi hermana y a mi – nos queda reconstruir nuestras vidas sin ella. La puerta del pasado se ha cerrado.
Nunca sabes los cambios de donde pueden surgir, de donde pueden llegar.
Se que la vida es esto, cambios, desapariciones, transformaciones, pero a veces, son demasiados seguidos, demasiados violentos para asumirlos y entonces hechas mano, unos de la religión, la fe y la esperanza, otros de los seres queridos, de los abrazos, de las lagrimas compartidas, de las risas de un niño…
Y con este cambio que se está produciendo, sin quererlo, sin proponérmelo, en vida me he dado cuenta que el blog me pesa, me pesa mucho, por eso la casa permanece tan callada, tan solitaria.
Y la vida va trazando el camino.
Llantos de una mujer desconocida, con unos desconocidos al enterarse de que le han concedido el divorcio. En un lugar tan sorprendente como una pollería, con tres desconocidos y abrazada a mi, gritando... ¡Todo se ha acabado! ¡Todo está por comenzar!
Llantos de Marisa, que después de superar un cáncer de mama, y cuatro años de infierno, descubre que su marido está comenzando esa misma lucha.
Un bebé ha llegado; llegaba la niña con una vuelta de cordón umbilical alrededor de su cuellito. Es fuerte, es luchadora desde el primer segundo de su vida. La mami y ella están recuperándose del suto.
Y otra vez la tierra tiembla y Lorca no sabe como despertar de esta pesadilla. Y otra vez llantos y luto y esperanza para los heridos. Un pueblo hermoso que queda arrasado en un minuto.
Mayo luce hermoso por esta tierra. Todo es color, olor y sonido.
Las golondrinas ya han llegado.
¿Habrá escampado la llovizna de mayo? Murmura el agua.
Îo Sôgi
Cual flor de la mañana Que fugaz es mi vida Hoy... ¿Y luego...?
He tenido vacaciones, por eso mi ausencia de esta página. El pirata ha estado en casa, recargando mis pilas de risas y juegos infantiles.
Ha llovido mucho, pero mucho y la Semana Santa ha quedado totalmente deslucida. Comprendo, que después de un año de trabajo, de ilusiones y gastos, la gente que esperaba estos días con emoción, se haya sentido hundida en la tristeza.
Ana María Matute ha conseguido el Premio Cervantes de las letras. Me gustó su Olvidado Rey Gudú.
San Jorge nos trajo libros y flores. Recordamos a Miguel de Cervantes, a William Shakespeare, a Isabel I de Castilla, Charles Chaplin…
¿Como será Mayo? ¡Chi lo sa!
Regálame tu risa, enséñame a soñar, con sólo una caricia me pierdo en este mar. Regálame tu estrella, la que ilumina esta noche, llena de paz y de armonía, y te entregaré mi vida.
Haces que mi cielo vuelva a tener ese azul, pintas de colores mis mañanas solo tú, navego entre las olas de tu voz y... Tú y tú y tú y solamente tú haces que mi alma se despierte con tu luz, tú y tú y tú...
Enseña tus heridas y así las curarás, que sepa el mundo entero que tu voz guarda un secreto. No menciones tu nombre que en el firmamento se mueren de celos. Tus ojos son destellos, tu garganta es un misterio.
Haces que mi cielo vuelva a tener ese azul, pintas de colores mis mañanas solo tú, navego entre las olas de tu voz y... Tú y tú y tú y solamente tú haces que mi alma se despierte con tu luz, tú y tú y tú...
Hoy he vuelto a escuchar la llamada del afilador y, como por encanto, he regresado a mi infancia. Que importancia tienen algunos sonidos, algunas notas volando por el espacio.
El ruido de su flauta, llamando para afilar cuchillos, tijeras, navajas y todo instrumento que llevara un filo, era capaz de dejarlos como nuevos, este hombre que convocaba con ese música a los niños del barrio como mágico flautista de Hamelín. Y allí, rodeándole, mirando fascinados como era capaz de sacar chispas de luz de su rueda al contacto con las tijeras de la abuela.
El hojalatero, dejaba cualquier cacerola, puchero, barreño como nuevos. Encendía una lata que llevaba con carbones y allí calentaba el estaño y en un abrir y cerrar de ojos las piezas volvían a ser útiles.
El paragüero, volvía a la vida a aquellos viejos paraguas negros, grandes, familiares, que un golpe de viento traicionero, había roto alguna de sus varillas.
El colchonero, que llegaba con la primavera y el verano, para devolver a los colchones de lana la apariencia del primer día. Lavaba, dejaba secar al sol y vareaba – todavía escucho el zumbido de aquella vara contra la lana - aquella lana pura de oveja para volver a coser el colchón y dejarlo como cuando se compró.
Acostumbrados a esta sociedad de usar y tirar, esa llamada del afilador, me ha transportado a un tiempo, cuando se compraban las cosas porque hacían falta, cuando se reparaba lo roto, cuando todo tenía su valor.
Oficios que han desaparecido tragados por nuestra sociedad de consumo.