En una tarde de otoño

Caminando por lugares y calles del pasado; paseando, sin pensar en nada, simplemente dejándome llevar por la melancolía del día de otoño, sin mirar, sin ver. Lugares y personas casi olvidados, de otro tiempo, de otro barrio, de otro pueblo. Y los recuerdos, esos duendes traviesos me hicieron recordar. Me vi con quince años, llena de ilusiones y sueños, de inconsciencia juvenil, de alegría de vivir.
El primer amor, los bailes, las risas de la pandilla, felicidad de estar juntos, felicidad por estar juntos. Los besos a escondidas de los otros, el roce de manos, las miradas emocionadas, ¡arrebato juvenil!
Y de pronto, en aquel vagabundeo otoñal, en aquel paseo por el túnel del tiempo, a lo lejos, le vi, con su paso rápido, con aquel tic - ¿todavía? - de su hombro al caminar, con su ceño fruncido, concentrado en sus propios pensamientos, como entonces...
Los recuerdos me ahogaban, llegaron como un torrente loco que me cegaron. Allí estaba él, caminando hacia mi, sin reconocerme, ¿sin recordarme?...
Me acobarde, lo confieso, y me escondí en aquel portal. Pasó frente a mí, sin verme, rápido, dejando una ráfaga de viento frío y hojas secas a su paso como entonces.
Melancolía de otoño.
El tiempo saca a luz todo lo que está oculto y encubre y esconde lo que ahora brilla con el más grande esplendor. Quinto Horacio Flaco.
Imagen y autor: Night Shops - Leonid Afremov







cata dijo
Oléeeeeeeee, vaya que si estás inspirada... Me ha gustado mucho como describes esos momentos... Pienso que a todos nos ha pasado, al cabo del tiempo ver a alguien que desde hace mucho no estaba en nuestra vida, y observarlo sin decir nada. Buen domingo, guapa
8 Noviembre 2009 | 07:24 PM