La carta

Miércoles, cualquier día de mi vida
Abuela:
Te escribo esta carta después de pensar que te había olvidado. Te escribo después de intentar entender tu postura, tus razones. Te escribo todo aquello que nunca nos dijimos cuando estabas con nosotros.
Se que la vida fue dura contigo, una guerra, el encarcelamiento, el destierro; la pérdida de una hija en la flor de la vida, la vida alocada que llevaron tu hijo mayor y mi madre.
Comprendo, después de tantos años, y llegada a la misma edad en que tú te hiciste cargo de nosotras, tu dolor, tu rencor, tu aspereza hacia todo y hacia todos.
Trabajaste muy duro por tener una familia, una forma de vida, un estatus, que se rompió en mil pedazos por terceras personas y te tocó criar a dos niñas pequeñas sin ser tu obligación ni tu responsabilidad.
Vivimos, ofuscadas, una relación que tendría que haber sido de amor, de comprensión, de complicidad, como abuela y nieta. Pero te tocó hacer el papel de madre y cada vez la convivencia se fue haciendo más dura, más cruel.
Añorabas la vida de tus hermanas, más acomodada, más relajada, sin tantos compromisos, sin tantas ataduras y cuando quisiste darte cuenta un ataque al corazón lo terminó todo.
Aquella semana en el hospital, te vi tan frágil, tan poquita cosa, intentando escribir en aquel papel... ¿qué querías escribir en aquel papel?
La vida no nos ha tratado mal, hemos tenido, como todos, nuestro malos y buenos momentos. Me casé joven, tal vez demasiado, con un hombre bueno (creo que te hubiera gustado, sus raíces son de un pueblo como eran las tuyas), tuve una hija, hermosa, blanca y azul, el color de su piel y sus ojos. Mamá sigue como siempre, tal vez peor por la edad. Ahora comprendo las broncas monumentales que tenias con ella, los largos silencios, el ambiente enrarecido cuando salía sin dar explicaciones, sí, abuela comprendo demasiadas cosas, tarde, pero las comprendo.
Lo que nunca entenderé nunca, jamás, es que nosotras, dos inocentes criaturas, pagáramos el resentimiento que tenias hacia mi madre, tu hija.
Tengo un nieto, maravilloso, un pirata encantador que me tiene loca de amor y gozo y quiero ser para él lo que nunca supiste ser para nosotras ¡abuela!
Desde mi corazón.
La canción es de aquellas que escuchábamos en la radio de casa, en las tardes de invierno.








lascosasdepepe dijo
una carta llena de sentimientos. un abrazo.
24 Febrero 2010 | 10:10 PM